El oído de la grabadora

A partir de la pieza de la intimidad, sobre cómo el saber que estamos siendo grabados influye en nuestra forma de actuar aún estando completamente solos, me surgieron varias dudas: ¿Cómo podríamos ignorar la grabadora?, si se programa para empezar a grabar en cualquier momento ¿captaría la intimidad tal y como es, o estaríamos todo el rato alerta?, ¿y si aún estando apagada nos grabara?

Siguiendo esta corriente, y personificando un dispositivo, llegué a la pregunta ¿Qué oye una grabadora cuando no está siendo usada?

Obviamente una grabadora apagada no graba nada, pero el sonido nunca para, la única forma de que no haya sonido es mediante la privación de un medio oscilante, cosa que en este planeta es altamente improbable por ahora, y por ende cualquier objeto esta expuesto a recibir una vibración. Es decir, que la grabadora, como objeto existente y palpable que es, interactúa con el sonido como cualquier otro cuerpo, además de tener la capacidad de recopilar y reproducir aquello que capta. Sin embargo, no he conseguido programar la grabadora para que se encienda y grabe en cualquier momento, y tampoco he encontrado una función que permita que grabe estando apagada, así que lo más parecido que se me ocurrió fue encender la grabadora, ponerla a grabar y guardarla como si la hubiera apagado.

Con la grabadora guardada y en la mochila, me preparé para ir a la universidad. El audio resultante de este experimento es el camino que hago, en bici, desde mi casa hasta la universidad, es decir, podría considerarse como un paseo sonoro, aunque desde la intimidad de la grabadora.

Este es el resultado, la vida de la grabadora cuando me pongo en movimiento.

Con el audio delante, sin haberlo escuchado, fui consciente que durante la grabación hubo momento en los que realmente me olvidé que estaba grabando, y esto me remitió a lo expuestos que estamos ante la tecnología, con los móviles que nos escuchan permanentemente. Lo que antes llamamos intimidad pierde su noción ante la escucha de la nube y el Big Data. ¿Hasta que punto estamos a salvo de ser observados? Nos hemos acostumbrado tanto a ello que no somos conscientes de que toda nuestra vida está siendo grabada, aunque el fin de esto no sea exponer nuestra vida, de eso ya nos encargamos nosotros, sino de generar un perfil de target comercial. Dependemos tanto de las nuevas tecnologías que son partícipes en nuestra intimidad, convirtiéndonos en voyeurs a la vez que en un producto, mirando siempre a tras el escaparate. Pero no voy a ahondar más en el tema, los conflictos ético-morales de las nuevas tecnologías comportan un nuevo concepto de sociedad el cual dejo a la reflexión.

Deja un comentario